Cultura

PMpSun, 05 Aug 2007 22:24:23 +000024Domingo 20, 2007

Brenda Béjar

Brenda Béjar (brendabejar@hotmail.com)

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Las máscaras de un teatro olvidado

Se necesita de un martillo, un clavo y una pared de cualquier tipo: lisa, blanca, colorida o texturizada, esas que en momentos de ocio nos entretienen y distraen convirtiendo grumos en iguras a nuestro antojo.Tras un breve golpeteo, la pared se cuartea dejando una cavidad exacta, y colgadas quedan las gemelas; como ornamento simbólico o simple decoración, una sonriente y perspicaz, la otra triste y melancólica.

máscara de teatro

Las dos en el olvido… 

El teatro Ateneo, surge como descendiente del ditirambo (danzas religiosas), que se fueron alfabetizando sin perder su origen sacro hasta llegar a ser un método del lenguaje o medio de expresión, en el cual el mundo real y fantasioso, era reproducido ya sea de manera vivaz y burlona: la comedia, o de carácter compasivo y trágico: el drama.

Las obras de Esquilo, Sofócles, Eurípides Aristófanes etc. Se representaban en escenarios estructurados especialmente para este acto, acompañadas de un coro que enseñaba al público a reaccionar y entender los acontecimientos. Los actores eran siempre de sexo masculino que por vestuario llevaban pelucas, túnicas y como ornato principal: las máscaras.

La máscara teatral tiene nombre propio

En un pasado se hacían llamar hipócritas o “hypokritas”, ahora son mejor conocidas como las máscaras del teatro griego, lo que nos hace pensar, que aún cambiando la terminología, la esencia es la misma: ocultar, suplantar, fingir o aparentar.

Talía y Melpómene, hijas pródigas de Zeus son las musas que prestan su rostro y nombre para este embozo. La primera siempre a la izquierda, radiante, sonriente, digna representante de la alegría y la comedia;   la segunda, ubicada en el sitio para el que giran las manecillas del reloj, con cara de aflicción revive y simboliza el drama de las tragedias helénicas.

Tras este viaje por el Olimpo, regresamos a la actualidad, donde las máscaras en vez de rostros, visten paredes; en la cual los vestuarios pomposos y zurcidos a mano,  fueron suplantados por trajes negros y corbatas rayadas; volvemos al tiempo en que una vistosa escenografía, se convirtió en una calle muy transitada y gente llena de prisa; en dónde el único teatro que nos interesa vivir, es el día a día y Dionisio, deidad responsable del nacimiento del teatro, mirando nostálgicamente sus máscaras de antaño, sufre de una pena inquebrantable: el abandono.

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